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Por Reinaldo Ramírez García*
Para la intelectualidad colombiana, por lo menos aquella que se prodiga en las columnas de opinión, ha pasado casi desapercibido el cambio de doctrina militar de Washington. Barak Obama, al anunciar el retiro de tropas de Irak, estimó que el terrorismo es una “táctica” y no una ideología o un partido, como lo consideraba el Departamento de Estado en la era Bush. No puede ser un objetivo militar. Esto tiene efectos innegables en la política interna y exterior de Colombia y, por consiguiente, en la agenda de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.
Ya no cabe el argumento de que con los terroristas no se negocia, porque una táctica no constituye una contraparte. En Colombia, la contraparte del Estado es un sector rebelde que se denomina a sí mismo FARC y ELN, sin importar sus modalidades de acción militar o política.
Todavía es temprano para apreciar hasta donde llegará el deslinde, si es que lo hay, entre el talante y los programas de Juan Manuel Santos y los del gobierno anterior. Pero lo que se observa es la continuidad de la línea belicista cuyo objetivo es la rendición incondicional de los alzados en armas y que se expresa en un gasto militar que algunos analistas estiman en casi el 6.5 por ciento del Producto Interno Bruto y más del 15 por ciento del presupuesto nacional. Este despilfarro, más que improductivo, es destructivo de la población y del medio ambiente y está en camino de provocar una gravísima crisis fiscal.
No puede subestimarse el hecho de que la ayuda norteamericana, tasada en 7.300 millones de dólares, en aplicación del Plan Colombia (antiterrorista y antinarcóticos) ha sido fundamental para la guerra interna y sus pregonados éxitos. Por lo tanto, la revisión que el gobierno Obama adelanta sobre las fracasadas estrategias represivas contra la producción y tráfico de drogas y la financiación de la “guerra al terrorismo”, tendrán incidencia en la herencia de Uribe, el huevito de la seguridad democrática, que se ha traducido en la cascada de crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos, a la vista de la comunidad internacional y que están sólidamente documentados en el último informe y observaciones del Comité de Derechos Humanos de la ONU sobre Colombia (30 de julio 2010. Ver: www.hchr.org.co).
No obstante, para la opinión popular, sus organizaciones sociales y políticas y la red de defensores de derechos humanos, tienen un gran valor las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos sobre la eventual apertura de una negociación con la guerrilla. Ha dicho que tiene la llave y asume la facultad de decidir cuando la usa.
No abrigamos dudas de que la terminación de la guerra interna de Colombia será el primer paso para la restauración del respeto a los derechos humanos y que este escenario solo será posible con la movilización de toda la población que anhela vivir y trabajar en paz.
*Periodista, miembro del CPDH.
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jueves, 26 de agosto de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
PREMIO GEORGE-FRITZE A LILIANA URIBE POR SU DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS
Las Iglesias Evangélicas de Colonia, Alemania, otorgaron el premio “George-Fritz Gedachtnisgabe-2010” a la abogada de la Corporación Jurídica Libertad Liliana Uribe Tirado.
Desde 1981, la iglesia protestante del distrito Colonia entrega cada dos años este premio en memoria de la vida del pastor George Fritze quien se destacó por su oposición al fascismo y lucho por los derechos humanos en su país.
El premio busca resaltar a las personas y organizaciones dedicadas a la lucha contra la dictadura y la violencia y que se dedican a apoyar a las víctimas de éstas para recuperar sus derechos. En la entrega del premio las iglesias resaltaron la labor de la Corporación Jurídica Libertad en la defensa de los derechos humanos en Colombia y en particular resaltaron el esfuerzo de Liliana Uribe por esclarecer la verdad sobre las ejecuciones extrajudiciales en el país y la lucha por la justicia y reparación de este crimen considerado de lesa humanidad. A continuación las palabras de Liliana Uribe al recibir este significativo reconocimiento:
La historia de los y las defensoras de derechos humanos en Colombia y en el mundo corre paralela con la historia de la barbarie, de las atrocidades humanas, de la noche y la niebla. En lo que parece ser la peor de las paradojas: vida y muerte, represión y libertad, horror y dignidad se encuentran y toman vida en pueblos y personas que luchan justamente por acabar con esta realidad.
Por ello cuando me anunciaron el premio PfarrerGeorg Fritze Gedachtnispreis lo primero que hice fue tratar de entender qué representaba el mismo. Después de mucha búsqueda en la internet y de preguntarle a otras personas, me encontré con la maravillosa existencia de este Padre poco conocido en mi país. Su historia es hermosa: un hombre antifascista, humanista, defensor de los derechos de los obreros y valiente opositor de propuestas autoritarias que tanto daño han causado a la humanidad. En él se cumple lo que ya decía: un hombre que es capaz de defender la vida, de evidenciar la dignidad aún en los peores y más oscuros momentos de la historia.
Quiero resaltar este hecho porque los hombres y mujeres que nos dedicamos a la labor de defender los derechos humanos en medio de las dictaduras y las violencias institucionales lo hacemos porque otros y otras nos han marcado el camino y nos han enseñado con su vida, que podemos aspirar a construir un mundo donde los derechos de los pueblos y del planeta mismo pueden ser un sueño cumplido. La defensa de los derechos humanos ha sido un importante y visible foro para la oposición a los métodos brutales de control social de gobiernos, o de la guerra y de las violaciones masivas de los derechos humanos, no sólo contra las violación de los derechos civiles y políticos sino también económicos, sociales, culturales, incluso el derecho al desarrollo, el derecho al medio ambiente y a la autodeterminación de los pueblos.
Con esta perspectiva se enmarca mi compromiso personal y el de la Corporación Jurídica Libertad, organización de la que soy fundadora y que se dedica desde 1993 a la defensa y promoción de los derechos humanos en el departamento de Antioquia, especialmente de las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas, de las víctimas de crímenes de lesa humanidad y de los hombres y mujeres perseguidos y judicializados por su opción social o política. Pretendemos que se cumpla el sistema Universal de los derechos humanos aspirando un país democrático, participativo, libertario y comprometido con la dignidad humana.
Sin embargo, esta no es una labor fácil porque en Colombia, defender de los derechos humanos es un trabajo peligroso y a menudo mortal. Diariamente los defensores somos estigmatizados por nuestra labor, amenazados, judicializados por convertir en delito la opinión y la libertad de expresión; sometidos a la desaparición forzada, al exilio e incluso al asesinato. Por ejemplo, recientemente hemos comprobado que desde la Presidencia de la República se ordenó a los organismos de inteligencia del país, como el Departamento Administrativo de Seguridad –DAS- interceptar nuestros teléfonos y correos electrónicos sin autorización judicial, además se ordenaron seguimiento, amenazas y acciones denominadas de inteligencia ofensiva, e incluso se acordó la realización de actos, catalogados por el mismo estamento como terroristas, contra algunos defensores de derechos humanos y miembros de sus familias.
Desde la Presidencia de la república se ha pretendido equiparar el compromiso con los derechos humanos como actos terroristas o vinculados a grupos insurgentes, agravando la situación de todas las personas dedicadas a esta labor al ponerlos en riesgo de muerte por acciones de los grupos paramilitares o de la misma fuerza pública. De allí la preocupación de la Relatora Especial de los defensores de derechos humanos, Margaret Sekaggya, que en su visita el año anterior expresó que:
“Un motivo fundamental de la inseguridad de los defensores de derechos humanos radica en la estigmatización y el señalamiento sistemáticos de que son objeto por parte de funcionarios del Gobierno… los defensores de derechos humanos en repetidas ocasiones han sido acusados por altos funcionarios del Gobierno de ser "terroristas" o "guerrilleros", o de estar operando en secreto con ellos”. A la luz de lo que he visto y oído en los últimos 12 días, puedo concluir que siguen existiendo en Colombia patrones de hostigamiento y persecución contra los defensores de derechos humanos, y a menudo contra sus familiares. Periodistas, sindicalistas, magistrados, abogados, activistas estudiantiles y juveniles, mujeres defensoras, líderes indígenas y afrocolombianos, así como activistas LGBT han sido asesinados, torturados, maltratados, desaparecidos, amenazados, capturados y detenidos arbitrariamente, judicializados, vigilados, desplazados por la fuerza, u obligados a exiliarse; o bien se han allanado sus oficinas y se han robado sus archivos, a causa de su trabajo de defensa de los derechos humanos y libertades fundamentales.”
Lo expresado por la señora Relatora no sólo ha sucedido en los últimos meses, por el contrario, ha sido una constante en los últimos veinte años y su evidencia está en la memoria de los amigos y amigas que hoy no nos acompañan físicamente, pero que marchan a nuestro lado persistiendo en esta lucha. Ángel Quintero, Jesús Puerta, Julio Ernesto González, Ramiro Zapata, Margarita Guzmán, Eduardo Umaña Mendoza, Josué Giraldo, Jesús María Valle, Héctor Abad Gómez, Elsa Alvarado, Kimy Pernía Domicó, entre otros cientos, fueron asesinados por su lealtad a principios éticos y políticos de defensa de la vida y la libertad. Por eso hoy, aunque parezca absurdo, estamos adelantando la Campaña Nacional e Internacional Por el derecho a defender los derechos humanos. Colombia: defensores de derechos humanos bajo amenaza, que pretende, entre otros aspectos, elevar el respaldo de la opinión pública a la labor legítima y legal de defensa de los derechos humanos, a través de:
1. La promoción de la defensa de los derechos humanos y la paz como un valor esencial de cada persona, en cualquier lugar, tiempo o situación.
2. El reconocimiento de los defensores/as como personas que defienden la dignidad humana, la vida y no como contradictores políticos del gobierno.
3. Los apoyos de sectores clave de la población que exigirán al Estado y gobierno colombiano políticas públicas efectivas de garantía y protección para los defensores/as.
Como podrán darse cuenta, este premio que hoy recibo llega en el justo momento en que los defensores y defensoras de derechos humanos de Colombia requerimos estar rodeados para mantener nuestra labor. Los últimos meses han sido especialmente difíciles para la Corporación Jurídica Libertad que ha recibido amenazas contra varios de sus integrantes, así como el intento de judicializar nuestra labor. Pese a ello no renunciamos a representar a las víctimas para hacer realidad sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral. Seguiremos acompañando a los campesinos y campesinas en su defensa de su territorio, a las mujeres, a los niños y niñas, a los desplazados, a los obreros y sindicalistas, y todas las personas que siguen sufriendo los rigores de un conflicto armado que no se resuelve.
Agradezco entonces el enorme aprecio y la solidaridad de las organizaciones de derechos humanos, de las iglesias, de las organizaciones sociales y de los hombres y mujeres que hoy se encuentran presentes reconociendo y valorando nuestro trabajo. Desde hace muchos años hemos contado con ustedes, hemos recibido su acompañamiento y la solidaridad expresada el múltiples formas. Su presencia nos motiva a no desfallecer, a no perder la esperanza porque sabemos que no estamos solos ni solas, porque sabemos que compartimos el ideal común de la felicidad, la vida, la dignidad y la libertad para todos los pueblos y para toda la humanidad.
Desde 1981, la iglesia protestante del distrito Colonia entrega cada dos años este premio en memoria de la vida del pastor George Fritze quien se destacó por su oposición al fascismo y lucho por los derechos humanos en su país.
El premio busca resaltar a las personas y organizaciones dedicadas a la lucha contra la dictadura y la violencia y que se dedican a apoyar a las víctimas de éstas para recuperar sus derechos. En la entrega del premio las iglesias resaltaron la labor de la Corporación Jurídica Libertad en la defensa de los derechos humanos en Colombia y en particular resaltaron el esfuerzo de Liliana Uribe por esclarecer la verdad sobre las ejecuciones extrajudiciales en el país y la lucha por la justicia y reparación de este crimen considerado de lesa humanidad. A continuación las palabras de Liliana Uribe al recibir este significativo reconocimiento:
La historia de los y las defensoras de derechos humanos en Colombia y en el mundo corre paralela con la historia de la barbarie, de las atrocidades humanas, de la noche y la niebla. En lo que parece ser la peor de las paradojas: vida y muerte, represión y libertad, horror y dignidad se encuentran y toman vida en pueblos y personas que luchan justamente por acabar con esta realidad.
Por ello cuando me anunciaron el premio PfarrerGeorg Fritze Gedachtnispreis lo primero que hice fue tratar de entender qué representaba el mismo. Después de mucha búsqueda en la internet y de preguntarle a otras personas, me encontré con la maravillosa existencia de este Padre poco conocido en mi país. Su historia es hermosa: un hombre antifascista, humanista, defensor de los derechos de los obreros y valiente opositor de propuestas autoritarias que tanto daño han causado a la humanidad. En él se cumple lo que ya decía: un hombre que es capaz de defender la vida, de evidenciar la dignidad aún en los peores y más oscuros momentos de la historia.
Quiero resaltar este hecho porque los hombres y mujeres que nos dedicamos a la labor de defender los derechos humanos en medio de las dictaduras y las violencias institucionales lo hacemos porque otros y otras nos han marcado el camino y nos han enseñado con su vida, que podemos aspirar a construir un mundo donde los derechos de los pueblos y del planeta mismo pueden ser un sueño cumplido. La defensa de los derechos humanos ha sido un importante y visible foro para la oposición a los métodos brutales de control social de gobiernos, o de la guerra y de las violaciones masivas de los derechos humanos, no sólo contra las violación de los derechos civiles y políticos sino también económicos, sociales, culturales, incluso el derecho al desarrollo, el derecho al medio ambiente y a la autodeterminación de los pueblos.
Con esta perspectiva se enmarca mi compromiso personal y el de la Corporación Jurídica Libertad, organización de la que soy fundadora y que se dedica desde 1993 a la defensa y promoción de los derechos humanos en el departamento de Antioquia, especialmente de las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas, de las víctimas de crímenes de lesa humanidad y de los hombres y mujeres perseguidos y judicializados por su opción social o política. Pretendemos que se cumpla el sistema Universal de los derechos humanos aspirando un país democrático, participativo, libertario y comprometido con la dignidad humana.
Sin embargo, esta no es una labor fácil porque en Colombia, defender de los derechos humanos es un trabajo peligroso y a menudo mortal. Diariamente los defensores somos estigmatizados por nuestra labor, amenazados, judicializados por convertir en delito la opinión y la libertad de expresión; sometidos a la desaparición forzada, al exilio e incluso al asesinato. Por ejemplo, recientemente hemos comprobado que desde la Presidencia de la República se ordenó a los organismos de inteligencia del país, como el Departamento Administrativo de Seguridad –DAS- interceptar nuestros teléfonos y correos electrónicos sin autorización judicial, además se ordenaron seguimiento, amenazas y acciones denominadas de inteligencia ofensiva, e incluso se acordó la realización de actos, catalogados por el mismo estamento como terroristas, contra algunos defensores de derechos humanos y miembros de sus familias.
Desde la Presidencia de la república se ha pretendido equiparar el compromiso con los derechos humanos como actos terroristas o vinculados a grupos insurgentes, agravando la situación de todas las personas dedicadas a esta labor al ponerlos en riesgo de muerte por acciones de los grupos paramilitares o de la misma fuerza pública. De allí la preocupación de la Relatora Especial de los defensores de derechos humanos, Margaret Sekaggya, que en su visita el año anterior expresó que:
“Un motivo fundamental de la inseguridad de los defensores de derechos humanos radica en la estigmatización y el señalamiento sistemáticos de que son objeto por parte de funcionarios del Gobierno… los defensores de derechos humanos en repetidas ocasiones han sido acusados por altos funcionarios del Gobierno de ser "terroristas" o "guerrilleros", o de estar operando en secreto con ellos”. A la luz de lo que he visto y oído en los últimos 12 días, puedo concluir que siguen existiendo en Colombia patrones de hostigamiento y persecución contra los defensores de derechos humanos, y a menudo contra sus familiares. Periodistas, sindicalistas, magistrados, abogados, activistas estudiantiles y juveniles, mujeres defensoras, líderes indígenas y afrocolombianos, así como activistas LGBT han sido asesinados, torturados, maltratados, desaparecidos, amenazados, capturados y detenidos arbitrariamente, judicializados, vigilados, desplazados por la fuerza, u obligados a exiliarse; o bien se han allanado sus oficinas y se han robado sus archivos, a causa de su trabajo de defensa de los derechos humanos y libertades fundamentales.”
Lo expresado por la señora Relatora no sólo ha sucedido en los últimos meses, por el contrario, ha sido una constante en los últimos veinte años y su evidencia está en la memoria de los amigos y amigas que hoy no nos acompañan físicamente, pero que marchan a nuestro lado persistiendo en esta lucha. Ángel Quintero, Jesús Puerta, Julio Ernesto González, Ramiro Zapata, Margarita Guzmán, Eduardo Umaña Mendoza, Josué Giraldo, Jesús María Valle, Héctor Abad Gómez, Elsa Alvarado, Kimy Pernía Domicó, entre otros cientos, fueron asesinados por su lealtad a principios éticos y políticos de defensa de la vida y la libertad. Por eso hoy, aunque parezca absurdo, estamos adelantando la Campaña Nacional e Internacional Por el derecho a defender los derechos humanos. Colombia: defensores de derechos humanos bajo amenaza, que pretende, entre otros aspectos, elevar el respaldo de la opinión pública a la labor legítima y legal de defensa de los derechos humanos, a través de:
1. La promoción de la defensa de los derechos humanos y la paz como un valor esencial de cada persona, en cualquier lugar, tiempo o situación.
2. El reconocimiento de los defensores/as como personas que defienden la dignidad humana, la vida y no como contradictores políticos del gobierno.
3. Los apoyos de sectores clave de la población que exigirán al Estado y gobierno colombiano políticas públicas efectivas de garantía y protección para los defensores/as.
Como podrán darse cuenta, este premio que hoy recibo llega en el justo momento en que los defensores y defensoras de derechos humanos de Colombia requerimos estar rodeados para mantener nuestra labor. Los últimos meses han sido especialmente difíciles para la Corporación Jurídica Libertad que ha recibido amenazas contra varios de sus integrantes, así como el intento de judicializar nuestra labor. Pese a ello no renunciamos a representar a las víctimas para hacer realidad sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral. Seguiremos acompañando a los campesinos y campesinas en su defensa de su territorio, a las mujeres, a los niños y niñas, a los desplazados, a los obreros y sindicalistas, y todas las personas que siguen sufriendo los rigores de un conflicto armado que no se resuelve.
Agradezco entonces el enorme aprecio y la solidaridad de las organizaciones de derechos humanos, de las iglesias, de las organizaciones sociales y de los hombres y mujeres que hoy se encuentran presentes reconociendo y valorando nuestro trabajo. Desde hace muchos años hemos contado con ustedes, hemos recibido su acompañamiento y la solidaridad expresada el múltiples formas. Su presencia nos motiva a no desfallecer, a no perder la esperanza porque sabemos que no estamos solos ni solas, porque sabemos que compartimos el ideal común de la felicidad, la vida, la dignidad y la libertad para todos los pueblos y para toda la humanidad.
miércoles, 17 de junio de 2009
¿QUÉ DERECHOS HUMANOS DEFENDEMOS?
(Escribe Teodoro Delgado Palacios, párroco de Pijilí, Ecuador)
La declaración de derechos humanos de 1948 da por supuesto que estamos de acuerdo con las instituciones de la sociedad burguesa que surgen a finales del siglo XVIII, que se consolidan en el siglo XX y que se derrumban en el siglo XXI, porque la sociedad burguesa reprodujo el despotismo y la intolerancia que quiso eliminar al combatir a la sociedad feudal.
Según aquella declaración tenemos “derecho a la protección de la ley” (Art. 7), ¿De qué ley?... ¿Hecha por quién?... ¿No son los dueños del poder y del dinero los que hacen la ley según sus conveniencias?... Y los que cuestionan la ley atentan contra los “derechos humanos” (Primera pared de la jaula).
Se declara también: “Toda persona tiene derecho a la propiedad” (Art. 17). ¡Cuán necesario fue redactar este artículo para proteger los bienes de los que habían acaparado todo! Quien pretenda quitarles algo, atenta contra los “derechos humanos”. (Segunda pared de la jaula).
Hace falta gente para que trabaje en beneficio de los dueños del capital. Entonces es necesario declarar: “Toda persona tiene derecho al trabajo ...y al salario” (Art. 23). Y quien pretenda instaurar un sistema alternativo distinto al neoliberalismo, atenta contra los “derechos humanos”. (Tercera pared de la jaula).
¿Qué hacer para que todos apoyen la ideología de los que “organizaron” este mundo a su manera?... ¡Fácil! ... “Toda persona tiene derecho a la educación”. Desde luego, a aquella educación que reproduce el sistema. Quien no la acepta, atenta contra los derechos humanos.(Cuarta pared de la jaula).
Falta una buena cubierta, para que a nadie se le ocurra volar: “Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración” (Art. 30).
Ya tenemos la jaula completa, es fuerte, es segura, “es lo mejor que se ha podido conseguir”, y lo único que queda es darles a los “pajaritos” unos cuantos derechos para que puedan volar “libremente”, dentro de la jaula y posarse en las instituciones que configuran la jaula.
Si algún “pajarito” pretende romper la jaula para explorar alternativas, es acusado de estar en contra de los “derechos humanos” (“terrorista”) y le cortan las alas, o le excluyen colocándole en un rincón olvidado de la jaula, o le eliminan. Significa que hay opresión en nombre de los “derechos humanos”.
¿Vamos a defender estos “derechos” que justifican y consolidan el sistema de muerte? ¿Vamos a defender estos “derechos” sabiendo que en su nombre los dueños del poder y del dinero han invadido espacios y han defendido sus mezquinos intereses?…¿En dónde queda el derecho a la rebeldía, a la resistencia?… ¿En donde queda el derecho a vivir nuestras alternativas sin que nos bloqueen?…
Estas reflexiones y preguntas nos llevan a pensar en una propuesta que consiste en elaborar una declaración de DERECHOS HUMANOS desde los pueblos pobres, desde los invisibilizados, desde los excluidos. En realidad, nuevos derechos se proclaman desde distintos rincones del planeta: derechos de los pueblos pobres, derechos de las mujeres, derechos de los pueblos indígenas, derechos de los negros, derechos de los incapacitados, derechos de los jóvenes, derechos de los niños, derechos de nuestro mundo, del medio ambiente… Lo que cuenta es seguir abriendo espacios en los cuales confluyan todas las voces, y desde los cuales se pueda proclamar una declaración que reúna las aspiraciones comunes.No podemos renunciar a la expresión: DERECHOS HUMANOS, lo que debemos hacer es darle un nuevo contenido con fuerza liberadora.
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