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sábado, 25 de julio de 2009

LA DERECHA CONTRAATACA

El siguiente es el texto del académico, sociólogo y economista Immanuel Wallestein sobre el golpe militar en Honduras y su relación con el gobierno de Obama y la derecha norteamericana. ¿Se fortalece la derecha latinoamericana? ¿Qué pasa con la izquierda. Fue publicado en La Jornada de México y Página 12 dse Buenos Aires.
La presidencia de George W. Bush fue el momento de mayor arrasamiento electoral por parte de los partidos de centroizquierda en América latina en los últimos dos siglos.
La presidencia de Barack Obama corre el riesgo de ser el momento de la venganza de la derecha en América latina.
La razón bien puede ser la misma: la combinación de la decadencia del poderío estadounidense con la continuada centralidad de Estados Unidos en la política mundial. Al mismo tiempo, Washington es incapaz de imponerse por sí mismo y todo el mundo espera que entre al terreno de juego en el bando de ellos.
¿Qué fue lo que ocurrió en Honduras? Hace mucho que este país es uno de los pilares más seguros de las oligarquías latinoamericanas: tiene una clase dominante arrogante y sin arrepentimiento, guarda vínculos cercanos con Estados Unidos y es el sitio de una importante base militar estadounidense.
En las últimas elecciones, Manuel “Mel” Zelaya fue electo presidente.
Siendo un producto de las clases dominantes, se esperaba que continuara jugando el juego en la forma en que los presidentes hondureños lo han jugado siempre.
En cambio, inclinó sus políticas hacia la izquierda. Emprendió programas internos que en verdad hicieron algo por la vasta mayoría de la población: se construyeron escuelas en áreas rurales remotas, se aumentó el salario mínimo, se abrieron clínicas de salud.
Comenzó su período apoyando el tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero dos años después se unió al ALBA, la organización de Estados que creó el presidente Hugo Chávez.
El resultado fue que Honduras obtuvo petróleo barato procedente de Venezuela. Luego propuso la celebración de un referéndum para saber si la población pensaba que era buena idea revisar la Constitución.
La oligarquía gritó que éste era un intento de Zelaya de cambiar las leyes y hacer posible que él accediera a un segundo período.
Dado que se preveía que la consulta ocurriera el día en que su sucesor fuera electo, ésta es claramente una razón inventada. ¿Por qué entonces escenificó el ejército un golpe de Estado con el respaldo de la Suprema Corte, el Congreso hondureño y la jerarquía católica?
Dos factores confluyen aquí: su visión de Zelaya y su percepción de Estados Unidos. En los años treinta, la derecha estadounidense atacó a Franklin Roosevelt como “traidor a su clase”.
Para la oligarquía hondureña, eso significa que Zelaya, “un traidor a su clase”, es alguien que debería ser castigado como ejemplo para otros.
¿Y qué pasa con Estados Unidos? Cuando ocurrió el golpe, algunos comentaristas de la izquierda vociferante en la blogosfera lo llamaron “el golpe de Estado de Obama”.
Ni Zelaya ni sus simpatizantes en la calle, ni tampoco Chávez o Fidel Castro tienen esa visión tan simplista. Todos ellos notan la diferencia entre Obama y la derecha estadounidense (líderes políticos o figuras militares).
Parece claro que la última cosa que el gobierno de Obama quería era este golpe de Estado. Ha sido un intento por forzarle la mano. Sin duda esto recibió aliento de figuras clave de la derecha estadounidense, como Otto Reich (el cubano-estadounidense y ex consejero de Bush) y el International Republican Institute.
Seamos testigos de algunas de las aseveraciones más desorbitadas de los golpistas. El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de facto, Enrique Ortez, dijo que Obama era un “negrito que no sabe nada de nada”.
Hay alguna controversia de qué tan peyorativo es el término “negrito” en castellano. En cualquier caso, el embajador estadounidense protestó tajantemente ante el insulto. Ortez se disculpó por su “desafortunada expresión”, y se lo cambió a otro puesto en el gobierno.
Ortez concedió una entrevista a la televisión hondureña diciendo: “No tengo prejuicios raciales, me gusta el negrito que está presidiendo Estados Unidos”.
Sin duda, la derecha estadounidense es más cortés, pero no menos denunciatoria de Obama. El senador republicano Jim DeMint, la diputada republicana cubanoestadounidense Ileana RosLehtinen y el abogado conservador Manuel A. Estrada, todos han insistido en que el golpe estuvo justificado porque no fue un golpe de Estado, sino justamente una defensa de la Constitución hondureña.
Y la blogger derechista Jennifer Rubin publicó un texto el 13 de julio titulado: “Obama está mal, mal, mal respecto a Honduras”. Su equivalente hondureño, Ramón Villeda, publicó una carta abierta al presidente estadounidense el 11 de julio, donde decía: “No es la primera vez que Washington se equivoca y abandona, en momentos críticos, a un aliado y amigo”.
La derecha hondureña hace su juego buscando ganar tiempo, hasta que el período de Zelaya termine. Si logran su objetivo, habrán ganado.
Y la derecha guatemalteca, la salvadoreña y la nicaragüense observan por los costados, y ya les pican las ganas de comenzar sus propios golpes de Estado contra sus gobiernos que no son ya de derecha.
Es posible que la derecha gane las elecciones este año y el año entrante en Argentina y Brasil, tal vez en Uruguay y Chile.
Tres analistas importantes del Cono Sur han publicado sus explicaciones. Atilio Boron habla de la “futilidad del golpe”. El sociólogo brasileño Emir Sader dice que América latina enfrenta una encrucijada: “La profundización del antineoliberalismo o la restauración conservadora”.
El periodista uruguayo Raúl Zibechi titula su análisis “La irresistible decadencia del progresismo”. Zibechi piensa que las débiles políticas de Lula, Vázquez, Kirchner y Bachelet (Brasil, Uruguay, Argentina y Chile) han fortalecido a la derecha (que avizora adoptando un estilo Berlusconi) y dividieron a la izquierda.
Pienso que hay una explicación más directa y simple. La izquierda llegó al poder en América latina debido a la distracción estadounidense y a los buenos tiempos económicos.
Ahora enfrenta una distracción continuada, pero los tiempos económicos son malos y comienzan a culparla porque está en el poder, aunque hay poco que puedan hacer los gobiernos de centroizquierda respecto a la economía mundial.
¿Puede Estados Unidos hacer algo acerca de este golpe de Estado? Por supuesto. Primero, Obama puede oficialmente etiquetar el golpe como un golpe de Estado. Esto podría disparar una ley estadounidense que le cortara toda la asistencia de Estados Unidos a Honduras. Puede cercenar las continuadas relaciones del Pentágono con los militares hondureños.
Puede retirar al embajador estadounidense. Puede decir que no hay nada que negociar en vez de insistir en la “mediación” entre el gobierno legítimo y los líderes golpistas.
¿Por qué no hace todo eso? Es muy simple, también. Tiene al menos otros cuatro súper puntos pendientes en su agenda: la confirmación de Sonia Sotomayor en la Suprema Corte; un desbarajuste continuado en Medio Oriente; su necesidad de pasar la legislación de salud este año (si no es en agosto, en diciembre), y de repente una presión enorme por abrir las investigaciones de los actos ilegales del gobierno de Bush.
Lo siento, pero Honduras tiene el quinto lugar en la lista. Así que Barack Obama, constreñido entre dos posturas fuertes, no hace sino ganar tiempo haciendo guiños a unos y a otros, sin asumir una actitud clara. Y nadie quedará contento.
Zelaya puede ser restaurado en el cargo, pero tal vez sólo tres meses a partir de ahora. Demasiado tarde. Pónganle atención a Guatemala.
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miércoles, 27 de mayo de 2009

CUBA, DE NUEVO TEMA CENTRAL EN HONDURAS


(Escribe Pulgonzo)

El tema político central de la XXXIX Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el 2 y 3 de junio en Honduras, será de nuevo el regreso de la Isla al sistema interamericano.

Todos los miembros de la OEA están de acuerdo, sólo que con diferencias en los procedimientos para lograrlo. Mientras tanto, el gobierno cubano ha dicho en distintas ocasiones, reiterándolo recientemente, que no está interesado en que su país regrese a la organización que lo expulsó hace casi medio siglo en la asamblea de Punta del Este, Uruguay, por presión de los Estados Unidos.

Analistas concuerdan que Cuba podría regresar, pero a una OEA animada por valores distintos a los actuales, más cercanos a los intereses de Estados Unidos y sus aliados. En todo caso, para Cuba este sería un triunfo político y diplomático.

El Consejo Permanente de la OEA ha tomado nota de tres proyectos de resolución que circulan y se esfuerza por lograr un consenso antes de la asamblea. Los tres proyectos buscan el levantamiento de la sanción a Cuba y son suscritos por Honduras, Nicaragua y Estados Unidos. Y se prepara otro más de la ALADI.

El proyecto de Honduras propone de una manera directa revocar la resolución que aisló a Cuba en 1962. Dice además que "las futuras relaciones de Cuba con la organización dependerán de la voluntad manifiesta del gobierno cubano y de los órganos competentes de la OEA". El de Nicaragua pide la revocación como un acto de justicia y de rectificación histórica hacia Cuba. La resolución, agrega, "viola la Carta de la OEA y el Derecho Internacional, constituye un acto de injusticia y discriminación inaceptable". El de Estados Unidos respalda el interés de los estados miembros de facilitar el reintegro de Cuba, "pero si esa decisión concuerda con los valores y compromisos de la Carta de la OEA, la Carta Democrática Interamericana y otros instrumentos". Estados Unidos recomendó al Consejo que establezca un diálogo con el gobierno de La Habana sobre la posible reintegración con base en los principios de soberanía, independencia, no intervención, democracia y plena vigencia de los derechos humanos y lbertades fundamentales.

El proyecto de la ALADI, del que hace parte Colombia, pide que se deje sin efecto la resolución y trata de aunar los criterios de los otros países y que Cuba acepte los valores que rigen a la OEA. Además de Colombia, este grupo lo integran Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Se está discutiendo y habría que esperar cuáles son las posiciones y el resultado final. Hay que anotar que lo que causa rasquiña en Cuba es que se pretenda que su democracia sea igual a la de Estados Unidos, como lo dejó entrever la semana pasada la Secretaria Hillary Clinton, y que se le obligue a aceptar que en la Isla no se respetan los derechos humanos y no hay libertades.

Se espera que, en todo caso, cuando los cancilleres lleguen la otra semana a San Pedro Sula, haya un proyecto de resolución definitiva. La expectativa ahora es por la actitud que asuma el gobierno cubano, que podría variar si llegan a buen término propuestas de cambio para la OEA, de manera que esta corresponda más a la nueva realidad latinoamericana, distinta a 1962 cuando lo que ordenaba Estados Unidos se cumplía.


(Usted puede opinar sobre esta nota y otras del blog en: http://www.lapulga.blogspot.com)