Alvaro Uribe anda por todas partes diciendo que la ampliación del acuerdo con Estados Unidos sobre bases militares en Colombia es en defensa de las libertades y que todos los gibiernos del continente deberían apoyarlo y seguir más tarde su ejemplo. Conviene por eso recordar los argumentos de Paul Coverdale, senador republicano y primer ponente del Plan Colombia en el congreso de su país. Son reveladoras de las verdaderas intenciones de E.U con respecto a sus acuerdos y ayudas a Colombia y su necesidad de ejercer un mayor control en la región, sobre todo de aquellos países con gobiernos contradictores francos de Washington.
El senador destacaba en sus intervenciones ante el congreso nortemericano y en entrevistas la necesidad de petróleo que tiene su país, para avalar sus acuerdos y acciones militares. Reprochaba que el entonces presidente Pastrana seguía haciendo concesiones a las guerrillas y recordaba que a fines de ese año su país tendría que "retirar las bases militares en Panamá y esto afectará dramáticamente nuestra habilidad para luchar contra el narcotráfico así como para garantizar la seguridad y estabilidad en la región". En base a estos argumentos y otros similares, el congreso aprobó ese año un aumento significativo de la ayuda militar a Colombia. Al año siguiente se daría forma a la intervención solapada con el comienzo del Plan Colombia. Hoy, Colombia es el tercer receptor de ayuda militar norteamericana en el mundo, y primero en el continente.
Algo más. En un editorial del 10 de abril del 2000, Coverdale afirmó que aunque muchos ciudadanos teman otro Vietnam, resulta necesario, porque Venezuela tiene petróleo. Y concluía que como Venezuela tiene animadversión por Estados Unidos, su país debe intervenir en Colombia para dominar a Venezuela. Y añadía que Ecuador también resulta vital, y los indios de allí son peligrosos, de modo que Estados Unidos también tenía que intervenir en ese país. Y este auténtico visionario de los intereses expansionistas de su país remataba sus reflexiones afirmando que si su país podía librar una guerra "en la remota Irak", seguro que también puede hacerlo en Colombia. ( se refería a la primera guerra contra Irak emprendida por su país ya con el claro objetivo de control geoestratégico y de una de las más importantes reservas petroleras del mundo ).
domingo, 23 de agosto de 2009
viernes, 21 de agosto de 2009
DOS MILLONES DE KILOS DE BASURA ESPACIAL RODEAN LA TIERRA
(De Blogaldía)
Hace apenas unos meses, un viejo satélite ruso a la deriva chocó contra otro norteamericano de telecomunicaciones. Ambos quedaron destruidos y miles de sus fragmentos formaron una nube de chatarra que rápidamente se sumó a la ya existente en la órbita terrestre, aumentando así el peligro de que se produzcan nuevas colisiones. Era la primera vez (que se sepa) que algo así sucedía y el episodio sirvió para que se destinaran más recursos a estudiar con el máximo detalle la basura espacial, un anillo de decenas de miles de objetos, desde tuercas y tornillos a secciones completas de naves y satélites, que rodea por completo nuestro planeta.
Ahora, y gracias al uso de un auténtico arsenal de radares con base en tierra y telescopios ópticos, la NASA Orbital Debris Program Office ha determinado que sobre nuestras cabezas flotan unos 19.000 objetos de más de diez cm de diámetro, que existe otro medio millón de ellos que miden entre uno y diez centímetros, y que el número de partículas y fragmentos menores de un cm se puede contar por decenas de millones.
Los expertos, además, estiman que el peso total de la basura que hay en órbitas bajas de la Tierra ronda los dos millones de kilogramos y que cada una de esas piezas de chatarra vagabunda (incluídas las más pequeñas) constituyen una seria amenaza para la integridad de satélites, misiones espaciales e incluso la vida de los astronautas que estén en órbita.
Bastaría el impacto con un fragmento del tamaño de un guisante para herir mortalmente a un astronauta o para causar daños catastróficos en su nave. Una simple raspadura de la pintura de un satélite fuera de uso podría agujerear fácilmente la ventanilla de un transbordador espacial.
EL MOSSAD CONTRA VENEZUELA
Los servicios de inteligencia de Israel han duplicado y tal vez más sus servicios operativos sobre Venezuela. En Bogotá han establecido un cuartel general dedicado exclusivamente a actividades subversivas para desestabilizar a Chávez. El gobierno israelita invierte ahora más recursos para apoyar a diversos grupos de la oposición que incluso el propio gobierno de Estados Unidos.
El Mossad recluta paramilitares colombianos para infiltrarlos en zonas urbanas cerca de la frontera. Quienes conocen el mundo de los servicios de inteligencia califican esta febril actividad del gobierno de Israel con una frase: "El Mossad está en guerra contra Venezuela".
Los servicios secretos del Mossad han establecido "células" en varias universidades públicas y privadas a las cuales dedican especial atención. La más "activa" funciona en la Universidad Católica Andrés Bello semioculta con el nombre de una ONG. La más antigua de estas "células" actúa en la UCV desde el 2007. La "Simón Bolívar" es otra universidad bajo la intensa acción del Mossad. Las autoridades de estas casas de estudios conocen la situación.
El reclutamiento de jóvenes de la clase media y su adoctrinamiento en "defensa de los derechos humanos" forma parte de sus operaciones. Estas acciones encubren preparación paramilitar y tácticas de agitación callejera (léase guarimbas).
En donde parace han obtenido más éxito los agentes del Mossad ha sido en las actividades con los paramilitares colombianos, gracias a la cooperación de altos funcionarios del gobierno de Colombia. Como se sabe el gobierno de Israel es uno de los principales aliados políticos de Uribe.
Jefes militares colombianos trabajan con los agentes del Mossad en la infiltración del territorio venezolano. El "centro" del Mossad en Bogotá es un verdadero cuartel general de acciones anti venezolanas.El gobernador Pérez Vivas del Táchira está asociado estrechamente a dicho "centro" y Antonio Ledezma recibe consejos y asesoramiento. La "idea" de la "huelga de hambre" vino directo del "centro" de Bogotá.
Los agentes del Mossad manejan actualmente la siembra de grupos de paramilitares colombianos en el interior de Venezuela y seguramente muchos de los cargamentos de drogas.
miércoles, 19 de agosto de 2009
DOS NUTRIENTES DEL CANCER ESTÁN UNIDOS
(De Blogaldía)
Desde 1923 se sabe que los tumores consumen mucha más azúcar que una célula sana y que esto les ayuda a crecer más rápido. Ahora, un grupo de investigadores ha descubierto un proceso que podría ayudar a bloquear el suministro de glucosa a las células cancerosas y frenar su avance.
Se trata de la glutamina, otro nutriente fundamental. Hasta ahora se pensaba que estos dos componentes actúan de forma independiente en el desarrollo celular. Pero el equipo de Donald Ayer en la Universidad de Utah (EEUU) ha demostrado que los dos compuestos están íntimamente ligados. Si se reducen los niveles de glutamina, también lo hacen los de glucosa, lo que limita la progresión de células cancerosas. "Si no tienen glutamina, las células sufren un cortocircuito debido a la falta de glucosa", detalla Ayer, cuyo estudio publica hoy PNAS.
El equipo ha analizado varios tipos de células de cáncer y ha identificado dos elementos claves en este proceso. Cuando los niveles de glutamina son adecuados, la proteína Mondo A bloquea la acción del gen TXNIP, lo que a su vez permite a la célula adquirir grandes cantidades de glucosa. Los investigadores argumentan que estos nuevos datos podrían ayudar a cortar el suministro de nutrientes y frenar el cáncer.
Desde 1923 se sabe que los tumores consumen mucha más azúcar que una célula sana y que esto les ayuda a crecer más rápido. Ahora, un grupo de investigadores ha descubierto un proceso que podría ayudar a bloquear el suministro de glucosa a las células cancerosas y frenar su avance.
Se trata de la glutamina, otro nutriente fundamental. Hasta ahora se pensaba que estos dos componentes actúan de forma independiente en el desarrollo celular. Pero el equipo de Donald Ayer en la Universidad de Utah (EEUU) ha demostrado que los dos compuestos están íntimamente ligados. Si se reducen los niveles de glutamina, también lo hacen los de glucosa, lo que limita la progresión de células cancerosas. "Si no tienen glutamina, las células sufren un cortocircuito debido a la falta de glucosa", detalla Ayer, cuyo estudio publica hoy PNAS.
El equipo ha analizado varios tipos de células de cáncer y ha identificado dos elementos claves en este proceso. Cuando los niveles de glutamina son adecuados, la proteína Mondo A bloquea la acción del gen TXNIP, lo que a su vez permite a la célula adquirir grandes cantidades de glucosa. Los investigadores argumentan que estos nuevos datos podrían ayudar a cortar el suministro de nutrientes y frenar el cáncer.
sábado, 25 de julio de 2009
LA DERECHA CONTRAATACA
El siguiente es el texto del académico, sociólogo y economista Immanuel Wallestein sobre el golpe militar en Honduras y su relación con el gobierno de Obama y la derecha norteamericana. ¿Se fortalece la derecha latinoamericana? ¿Qué pasa con la izquierda. Fue publicado en La Jornada de México y Página 12 dse Buenos Aires.
La presidencia de George W. Bush fue el momento de mayor arrasamiento electoral por parte de los partidos de centroizquierda en América latina en los últimos dos siglos.
La presidencia de Barack Obama corre el riesgo de ser el momento de la venganza de la derecha en América latina.
La razón bien puede ser la misma: la combinación de la decadencia del poderío estadounidense con la continuada centralidad de Estados Unidos en la política mundial. Al mismo tiempo, Washington es incapaz de imponerse por sí mismo y todo el mundo espera que entre al terreno de juego en el bando de ellos.
¿Qué fue lo que ocurrió en Honduras? Hace mucho que este país es uno de los pilares más seguros de las oligarquías latinoamericanas: tiene una clase dominante arrogante y sin arrepentimiento, guarda vínculos cercanos con Estados Unidos y es el sitio de una importante base militar estadounidense.
En las últimas elecciones, Manuel “Mel” Zelaya fue electo presidente.
Siendo un producto de las clases dominantes, se esperaba que continuara jugando el juego en la forma en que los presidentes hondureños lo han jugado siempre.
En cambio, inclinó sus políticas hacia la izquierda. Emprendió programas internos que en verdad hicieron algo por la vasta mayoría de la población: se construyeron escuelas en áreas rurales remotas, se aumentó el salario mínimo, se abrieron clínicas de salud.
Comenzó su período apoyando el tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero dos años después se unió al ALBA, la organización de Estados que creó el presidente Hugo Chávez.
El resultado fue que Honduras obtuvo petróleo barato procedente de Venezuela. Luego propuso la celebración de un referéndum para saber si la población pensaba que era buena idea revisar la Constitución.
La oligarquía gritó que éste era un intento de Zelaya de cambiar las leyes y hacer posible que él accediera a un segundo período.
Dado que se preveía que la consulta ocurriera el día en que su sucesor fuera electo, ésta es claramente una razón inventada. ¿Por qué entonces escenificó el ejército un golpe de Estado con el respaldo de la Suprema Corte, el Congreso hondureño y la jerarquía católica?
Dos factores confluyen aquí: su visión de Zelaya y su percepción de Estados Unidos. En los años treinta, la derecha estadounidense atacó a Franklin Roosevelt como “traidor a su clase”.
Para la oligarquía hondureña, eso significa que Zelaya, “un traidor a su clase”, es alguien que debería ser castigado como ejemplo para otros.
¿Y qué pasa con Estados Unidos? Cuando ocurrió el golpe, algunos comentaristas de la izquierda vociferante en la blogosfera lo llamaron “el golpe de Estado de Obama”.
Ni Zelaya ni sus simpatizantes en la calle, ni tampoco Chávez o Fidel Castro tienen esa visión tan simplista. Todos ellos notan la diferencia entre Obama y la derecha estadounidense (líderes políticos o figuras militares).
Parece claro que la última cosa que el gobierno de Obama quería era este golpe de Estado. Ha sido un intento por forzarle la mano. Sin duda esto recibió aliento de figuras clave de la derecha estadounidense, como Otto Reich (el cubano-estadounidense y ex consejero de Bush) y el International Republican Institute.
Seamos testigos de algunas de las aseveraciones más desorbitadas de los golpistas. El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de facto, Enrique Ortez, dijo que Obama era un “negrito que no sabe nada de nada”.
Hay alguna controversia de qué tan peyorativo es el término “negrito” en castellano. En cualquier caso, el embajador estadounidense protestó tajantemente ante el insulto. Ortez se disculpó por su “desafortunada expresión”, y se lo cambió a otro puesto en el gobierno.
Ortez concedió una entrevista a la televisión hondureña diciendo: “No tengo prejuicios raciales, me gusta el negrito que está presidiendo Estados Unidos”.
Sin duda, la derecha estadounidense es más cortés, pero no menos denunciatoria de Obama. El senador republicano Jim DeMint, la diputada republicana cubanoestadounidense Ileana RosLehtinen y el abogado conservador Manuel A. Estrada, todos han insistido en que el golpe estuvo justificado porque no fue un golpe de Estado, sino justamente una defensa de la Constitución hondureña.
Y la blogger derechista Jennifer Rubin publicó un texto el 13 de julio titulado: “Obama está mal, mal, mal respecto a Honduras”. Su equivalente hondureño, Ramón Villeda, publicó una carta abierta al presidente estadounidense el 11 de julio, donde decía: “No es la primera vez que Washington se equivoca y abandona, en momentos críticos, a un aliado y amigo”.
La derecha hondureña hace su juego buscando ganar tiempo, hasta que el período de Zelaya termine. Si logran su objetivo, habrán ganado.
Y la derecha guatemalteca, la salvadoreña y la nicaragüense observan por los costados, y ya les pican las ganas de comenzar sus propios golpes de Estado contra sus gobiernos que no son ya de derecha.
Es posible que la derecha gane las elecciones este año y el año entrante en Argentina y Brasil, tal vez en Uruguay y Chile.
Tres analistas importantes del Cono Sur han publicado sus explicaciones. Atilio Boron habla de la “futilidad del golpe”. El sociólogo brasileño Emir Sader dice que América latina enfrenta una encrucijada: “La profundización del antineoliberalismo o la restauración conservadora”.
El periodista uruguayo Raúl Zibechi titula su análisis “La irresistible decadencia del progresismo”. Zibechi piensa que las débiles políticas de Lula, Vázquez, Kirchner y Bachelet (Brasil, Uruguay, Argentina y Chile) han fortalecido a la derecha (que avizora adoptando un estilo Berlusconi) y dividieron a la izquierda.
Pienso que hay una explicación más directa y simple. La izquierda llegó al poder en América latina debido a la distracción estadounidense y a los buenos tiempos económicos.
Ahora enfrenta una distracción continuada, pero los tiempos económicos son malos y comienzan a culparla porque está en el poder, aunque hay poco que puedan hacer los gobiernos de centroizquierda respecto a la economía mundial.
¿Puede Estados Unidos hacer algo acerca de este golpe de Estado? Por supuesto. Primero, Obama puede oficialmente etiquetar el golpe como un golpe de Estado. Esto podría disparar una ley estadounidense que le cortara toda la asistencia de Estados Unidos a Honduras. Puede cercenar las continuadas relaciones del Pentágono con los militares hondureños.
Puede retirar al embajador estadounidense. Puede decir que no hay nada que negociar en vez de insistir en la “mediación” entre el gobierno legítimo y los líderes golpistas.
¿Por qué no hace todo eso? Es muy simple, también. Tiene al menos otros cuatro súper puntos pendientes en su agenda: la confirmación de Sonia Sotomayor en la Suprema Corte; un desbarajuste continuado en Medio Oriente; su necesidad de pasar la legislación de salud este año (si no es en agosto, en diciembre), y de repente una presión enorme por abrir las investigaciones de los actos ilegales del gobierno de Bush.
Lo siento, pero Honduras tiene el quinto lugar en la lista. Así que Barack Obama, constreñido entre dos posturas fuertes, no hace sino ganar tiempo haciendo guiños a unos y a otros, sin asumir una actitud clara. Y nadie quedará contento.
Zelaya puede ser restaurado en el cargo, pero tal vez sólo tres meses a partir de ahora. Demasiado tarde. Pónganle atención a Guatemala.
___________________________
La presidencia de George W. Bush fue el momento de mayor arrasamiento electoral por parte de los partidos de centroizquierda en América latina en los últimos dos siglos.
La presidencia de Barack Obama corre el riesgo de ser el momento de la venganza de la derecha en América latina.
La razón bien puede ser la misma: la combinación de la decadencia del poderío estadounidense con la continuada centralidad de Estados Unidos en la política mundial. Al mismo tiempo, Washington es incapaz de imponerse por sí mismo y todo el mundo espera que entre al terreno de juego en el bando de ellos.
¿Qué fue lo que ocurrió en Honduras? Hace mucho que este país es uno de los pilares más seguros de las oligarquías latinoamericanas: tiene una clase dominante arrogante y sin arrepentimiento, guarda vínculos cercanos con Estados Unidos y es el sitio de una importante base militar estadounidense.
En las últimas elecciones, Manuel “Mel” Zelaya fue electo presidente.
Siendo un producto de las clases dominantes, se esperaba que continuara jugando el juego en la forma en que los presidentes hondureños lo han jugado siempre.
En cambio, inclinó sus políticas hacia la izquierda. Emprendió programas internos que en verdad hicieron algo por la vasta mayoría de la población: se construyeron escuelas en áreas rurales remotas, se aumentó el salario mínimo, se abrieron clínicas de salud.
Comenzó su período apoyando el tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero dos años después se unió al ALBA, la organización de Estados que creó el presidente Hugo Chávez.
El resultado fue que Honduras obtuvo petróleo barato procedente de Venezuela. Luego propuso la celebración de un referéndum para saber si la población pensaba que era buena idea revisar la Constitución.
La oligarquía gritó que éste era un intento de Zelaya de cambiar las leyes y hacer posible que él accediera a un segundo período.
Dado que se preveía que la consulta ocurriera el día en que su sucesor fuera electo, ésta es claramente una razón inventada. ¿Por qué entonces escenificó el ejército un golpe de Estado con el respaldo de la Suprema Corte, el Congreso hondureño y la jerarquía católica?
Dos factores confluyen aquí: su visión de Zelaya y su percepción de Estados Unidos. En los años treinta, la derecha estadounidense atacó a Franklin Roosevelt como “traidor a su clase”.
Para la oligarquía hondureña, eso significa que Zelaya, “un traidor a su clase”, es alguien que debería ser castigado como ejemplo para otros.
¿Y qué pasa con Estados Unidos? Cuando ocurrió el golpe, algunos comentaristas de la izquierda vociferante en la blogosfera lo llamaron “el golpe de Estado de Obama”.
Ni Zelaya ni sus simpatizantes en la calle, ni tampoco Chávez o Fidel Castro tienen esa visión tan simplista. Todos ellos notan la diferencia entre Obama y la derecha estadounidense (líderes políticos o figuras militares).
Parece claro que la última cosa que el gobierno de Obama quería era este golpe de Estado. Ha sido un intento por forzarle la mano. Sin duda esto recibió aliento de figuras clave de la derecha estadounidense, como Otto Reich (el cubano-estadounidense y ex consejero de Bush) y el International Republican Institute.
Seamos testigos de algunas de las aseveraciones más desorbitadas de los golpistas. El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de facto, Enrique Ortez, dijo que Obama era un “negrito que no sabe nada de nada”.
Hay alguna controversia de qué tan peyorativo es el término “negrito” en castellano. En cualquier caso, el embajador estadounidense protestó tajantemente ante el insulto. Ortez se disculpó por su “desafortunada expresión”, y se lo cambió a otro puesto en el gobierno.
Ortez concedió una entrevista a la televisión hondureña diciendo: “No tengo prejuicios raciales, me gusta el negrito que está presidiendo Estados Unidos”.
Sin duda, la derecha estadounidense es más cortés, pero no menos denunciatoria de Obama. El senador republicano Jim DeMint, la diputada republicana cubanoestadounidense Ileana RosLehtinen y el abogado conservador Manuel A. Estrada, todos han insistido en que el golpe estuvo justificado porque no fue un golpe de Estado, sino justamente una defensa de la Constitución hondureña.
Y la blogger derechista Jennifer Rubin publicó un texto el 13 de julio titulado: “Obama está mal, mal, mal respecto a Honduras”. Su equivalente hondureño, Ramón Villeda, publicó una carta abierta al presidente estadounidense el 11 de julio, donde decía: “No es la primera vez que Washington se equivoca y abandona, en momentos críticos, a un aliado y amigo”.
La derecha hondureña hace su juego buscando ganar tiempo, hasta que el período de Zelaya termine. Si logran su objetivo, habrán ganado.
Y la derecha guatemalteca, la salvadoreña y la nicaragüense observan por los costados, y ya les pican las ganas de comenzar sus propios golpes de Estado contra sus gobiernos que no son ya de derecha.
Es posible que la derecha gane las elecciones este año y el año entrante en Argentina y Brasil, tal vez en Uruguay y Chile.
Tres analistas importantes del Cono Sur han publicado sus explicaciones. Atilio Boron habla de la “futilidad del golpe”. El sociólogo brasileño Emir Sader dice que América latina enfrenta una encrucijada: “La profundización del antineoliberalismo o la restauración conservadora”.
El periodista uruguayo Raúl Zibechi titula su análisis “La irresistible decadencia del progresismo”. Zibechi piensa que las débiles políticas de Lula, Vázquez, Kirchner y Bachelet (Brasil, Uruguay, Argentina y Chile) han fortalecido a la derecha (que avizora adoptando un estilo Berlusconi) y dividieron a la izquierda.
Pienso que hay una explicación más directa y simple. La izquierda llegó al poder en América latina debido a la distracción estadounidense y a los buenos tiempos económicos.
Ahora enfrenta una distracción continuada, pero los tiempos económicos son malos y comienzan a culparla porque está en el poder, aunque hay poco que puedan hacer los gobiernos de centroizquierda respecto a la economía mundial.
¿Puede Estados Unidos hacer algo acerca de este golpe de Estado? Por supuesto. Primero, Obama puede oficialmente etiquetar el golpe como un golpe de Estado. Esto podría disparar una ley estadounidense que le cortara toda la asistencia de Estados Unidos a Honduras. Puede cercenar las continuadas relaciones del Pentágono con los militares hondureños.
Puede retirar al embajador estadounidense. Puede decir que no hay nada que negociar en vez de insistir en la “mediación” entre el gobierno legítimo y los líderes golpistas.
¿Por qué no hace todo eso? Es muy simple, también. Tiene al menos otros cuatro súper puntos pendientes en su agenda: la confirmación de Sonia Sotomayor en la Suprema Corte; un desbarajuste continuado en Medio Oriente; su necesidad de pasar la legislación de salud este año (si no es en agosto, en diciembre), y de repente una presión enorme por abrir las investigaciones de los actos ilegales del gobierno de Bush.
Lo siento, pero Honduras tiene el quinto lugar en la lista. Así que Barack Obama, constreñido entre dos posturas fuertes, no hace sino ganar tiempo haciendo guiños a unos y a otros, sin asumir una actitud clara. Y nadie quedará contento.
Zelaya puede ser restaurado en el cargo, pero tal vez sólo tres meses a partir de ahora. Demasiado tarde. Pónganle atención a Guatemala.
___________________________
Etiquetas:
derecha latinoamericana,
Honduras,
Immanuel Wallestein
jueves, 23 de julio de 2009
CARIES DENTALES
(De Blogaldía)
La caries se inicia con una erosión de la capa externa del diente, el esmalte, producida tras la formación de una placa dentaria que en su inicio puede ser una acumulación de azúcar u otros hidratos de carbono.
Los alimentos que contienen azúcares o hidratos de carbono simples (azúcar común o sacarosa y productos que la contienen, miel, mermelada, bebidas tipo cola, golosinas y dulces, etc.) o hidratos de carbono complejos (cereales como el pan, galletas, arroz, pastas alimenticias, patatas, legumbres, etc.) son fácilmente degradados en la boca por acción de una sustancia que contiene la saliva (alfa amilasa) y por bacterias en compuestos más sencillos que aumentan la acidez de la cavidad bucal, lo que destruye la integridad del esmalte y puede afectar al resto de componentes del diente.
Sin embargo, no sólo se debe tener en cuenta la influencia de estos alimentos ricos en hidratos de carbono en la aparición de caries, sino también la del resto de alimentos, el grado de higiene dental, la disponibilidad de flúor (indispensable para asegurar la estructura del esmalte), la producción salivar y factores genéticos.
Para evitarlas es prudente consumir muy poca cantidad de estos alimentos:
Leche y lácteos: Leche condensada.
Carnes grasas, productos de charcutería y vísceras.
Cereales: Galletas rellenas, chocolateadas o bañadas con soluciones azucaradas, etc.
Frutas: Fruta en almíbar, frutas desecadas y frutas confitadas.
Bebidas: Bebidas azucaradas tipo cola y, según hábitos, bebidas alcohólicas de baja graduación (cerveza, vinos de mesa, sidra)
Grasas: Nata, manteca, tocino y sebos. Otros productos: Apastelería y repostería rellenas, chocolateadas o bañadas en soluciones azucaradas, golosinas y dulces, etc. Edulcorantes: Azúcar común o sacarosa, fructosa y jarabes de glucosa.
En España, una de las clínicas que presta un servicio de prevención de cariesa nivel nacional es VitalDent, que ofrece una valoración gratuita del estado de tus dientes. Una forma de ahorrar es hacerte gratis esta valoración y luego acudir a una clínica más económica.
martes, 21 de julio de 2009
UNA TEMPORADA DE PARODIAS
Noam ChomskyProfesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge – Tomado de Sinpermiso.com
Algunos de los recientes episodios que conmovieron el mundo a través de las noticias –las elecciones en Líbano e Irán, el golpe de Estado en Honduras– han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse. Incluso, la falta de reacción frente a otros casos, como el secuestro de una embarcación por parte de Israel, también tiene mucho que decir.
Las elecciones en Líbano e Irán y el golpe de Estado en Honduras son importantes no sólo inherentemente sino también por las reacciones internacionales que han suscitado. La ausencia de reacción ante un acto de piratería israelí en el Mediterráneo es un pie de página...
El Líbano. Las elecciones del 7 de junio en el Líbano fueron recibidas con euforia por la corriente principal de opinión pública.
“Me encantan las elecciones libres y justas”, escribió el 10 de junio el columnista del New York Times Thomas Friedman–. “En Líbano, fue algo genuino, y los resultados fueron fascinantes: el presidente Barack Obama derrotó al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad”, apuntó.
Crucialmente, “una sólida mayoría de todos los libaneses –musulmanes, cristianos y drusos– votó por la coalición del 14 de Marzo encabezada por Saad Hariri”, candidato respaldado por Estados Unidos e hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri.
Debemos dar crédito a quien se lo merece por este triunfo de elecciones libres (y de Washington): “Si George Bush no se hubiera enfrentado a los sirios en 2005 –forzándolos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri– estas elecciones libres no hubieran sucedido”, escribió Friedman. “Bush creó el espacio (durante su discurso en El Cairo), Obama ayudó a avivar la esperanza”, precisó.
Dos días después, los puntos de vista de Friedman tuvieron eco en una columna de opinión del Times escrita por Elliot Abrams, reconocido integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos que anteriormente fue funcionario de alto rango en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush hijo: “La votación en el Líbano pasó cualquier prueba realista (...). Los libaneses tuvieron la oportunidad de votar contra Hizbollah y la aprovecharon”.
Cualquier “prueba realista”, no obstante, podría incluir la votación real. La coalición 8 de Marzo, basada en Hizbollah, ganó aproximadamente con la misma proporción que Obama contra McCain en noviembre, con cerca del 54 por ciento del voto popular, según cifras del Ministerio del Interior libanés.
Por consiguiente, según el argumento Friedman-Abrams, deberíamos estar lamentando la victoria de Ahmadinejad sobre Obama.
Al igual que otros, Friedman y Abrams se están refiriendo a los representantes del Parlamento. Estas cifras son tergiversadas por el sistema de votación confesional de Líbano, que reduce drásticamente el número de asientos otorgados a la más grande de las sectas, los chiítas, que respaldan abrumadoramente a Hizbollah y a su aliado Amal.
Sin embargo, como lo han señalado algunos analistas de los más serios, las reglas fundamentales “confesionales” de Líbano afectan negativamente “las elecciones libres y justas” en formas aún más importantes. El analista político Assaf Kfoury observa que las reglas fundamentales no dejan espacio para los partidos no sectarios y erigen una barrera que evita la introducción de políticas socioeconómicas y otros temas reales en el sistema electoral.
Para Kfoury, esas reglas abren la puerta a “interferencia externa masiva”, menor participación de votantes y “manipulación y compra de votos”, todo ello peculiaridades de las elecciones de junio, aún más que antes.
Por tanto, en Beirut, la capital que alberga a casi la mitad de la población del Líbano, menos de una cuarta parte de los votantes elegibles pudo votar sin regresar a sus normalmente remotos distritos de origen. El efecto es que los trabajadores migrantes y las clases más pobres efectivamente son privados de sus derechos civiles en “una forma extremadamente injusta, al estilo libanés”, favoreciendo las clases privilegiadas y pro occidentales.
Irán. Al igual que el Líbano, el propio sistema electoral de Irán viola derechos básicos. Los candidatos deben ser aprobados por clérigos gobernantes, facultados para prohibir políticas con las que discrepan, y de hecho lo hacen.
Los resultados electorales del Ministerio del Interior de Irán carecieron de credibilidad tanto por la forma en que fueron publicados como por el mismo resultado, disparando una enorme protesta popular brutalmente reprimida por las fuerzas Aarmadas de los clérigos gobernantes. Tal vez Ahmadinejad pudo haber ganado la mayoría si los votos hubieran sido contabilizados justamente, pero los gobernantes aparentemente no estaban dispuestos a arriesgarse.
Desde las calles de Teherán, la corresponsal Reese Erlich escribió: “Es un genuino movimiento de masas iraní integrado por estudiantes, trabajadores, mujeres y gente de clase media” y, posiblemente, la mayoría de la población rural.
Eric Hooglund, catedrático y experto en Irán rural, describe un respaldo “abrumador” para el candidato opositor Mir Husein Musavi entre la gente de las regiones que ha estudiado, y un “ultraje moral palpable por lo que llegó a creerse como el robo de su elección”.
Es altamente improbable que las protestas dañen al régimen clerical-militar a corto plazo pero, como observa Erlich, “está sembrando las semillas para luchas futuras”.
Israel-Palestina. No deberíamos olvidar unas elecciones auténticamente “libres y justas” realizadas recientemente en Oriente Medio –en Palestina, en enero de 2006, ante las que Estados Unidos y sus aliados respondieron castigando a la población que votó “equivocadamente”–.
Israel impuso sitio a Gaza y, el invierno pasado, atacó sin misericordia.
Apoyándose en la impunidad que recibe como cliente de Estados Unidos, Israel ha reforzado una vez más su bloqueo secuestrando a Espíritu de Humanidad, embarcación del movimiento Gaza Libre, en aguas internacionales, y forzándolo a atracar en el puerto israelí de Ashdod.
La embarcación había salido de Chipre, donde se inspeccionó el cargamento: medicinas, materiales de reconstrucción y juguetes. Entre los defensores de derechos humanos a bordo se encontraba la ganadora del Premio Nobel Mairead Maguire y la ex congresista norteamericana Cynthia McKinney.
El crimen a duras penas evocó un bostezo –con cierta justicia, se podría argumentar, dado que durante décadas Israel ha estado secuestrando botes que viajan entre Chipre y Líbano–.
Entonces, ¿para qué molestarse en reportar este último ultraje de un Estado bribón y su jefe?
Honduras. Centroamérica también escenifica un crimen relacionado con elecciones. Un golpe militar en Honduras ha depuesto al presidente Manuel Zelaya y lo ha expulsado del país.
El golpe repite lo que el analista en asuntos latinoamericanos Mark Weisbrot llama “una historia recurrente en Latinoamérica”, enfrentando a “un presidente reformista respaldado por sindicatos laborales y organizaciones sociales con una elite política corrupta, mafiosa, gobernada por las drogas, acostumbrada a escoger no sólo la Suprema Corte y el Congreso sino también al presidente.
La corriente principal de opinión pública describe al golpe como un desafortunado regreso a los malos días de hace décadas. Pero eso es equívoco. Se trata del tercer golpe de Estado en la última década, todos ellos conformando la “historia recurrente”.
El primero, en Venezuela en 2002, fue respaldado por la administración de Bush que, empero, se retractó luego de agudas críticas latinoamericanas y de la restauración del gobierno elegido a través de manifestaciones populares.
El segundo, en Haití en 2004, se concretó a manos de los torturadores tradicionales del país, Francia y Estados Unidos. El presidente electo, Jean Bertrand Aristide, fue llevado en secreto a África Central.
Lo novedoso del golpe en Honduras es que Washington no lo ha respaldado. En cambio, Estados Unidos se unió a la OEA y se opuso a la toma de poder, aunque vociferó una condena más suave que otros, y no ha actuado al respecto. Contrariamente a lo que han hecho países vecinos, Francia, España e Italia, Estados Unidos no ha retirado su embajador.
Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la asistencia estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos.
Las relaciones militares han sido estrechas desde la década de los ’80, cuando Honduras fue base de la guerra terrorista del presidente Reagan contra Nicaragua. Que la “historia recurrente” se repita una vez más depende en gran medida de las reacciones dentro de Estados Unidos.
Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
Algunos de los recientes episodios que conmovieron el mundo a través de las noticias –las elecciones en Líbano e Irán, el golpe de Estado en Honduras– han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse. Incluso, la falta de reacción frente a otros casos, como el secuestro de una embarcación por parte de Israel, también tiene mucho que decir.
Las elecciones en Líbano e Irán y el golpe de Estado en Honduras son importantes no sólo inherentemente sino también por las reacciones internacionales que han suscitado. La ausencia de reacción ante un acto de piratería israelí en el Mediterráneo es un pie de página...
El Líbano. Las elecciones del 7 de junio en el Líbano fueron recibidas con euforia por la corriente principal de opinión pública.
“Me encantan las elecciones libres y justas”, escribió el 10 de junio el columnista del New York Times Thomas Friedman–. “En Líbano, fue algo genuino, y los resultados fueron fascinantes: el presidente Barack Obama derrotó al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad”, apuntó.
Crucialmente, “una sólida mayoría de todos los libaneses –musulmanes, cristianos y drusos– votó por la coalición del 14 de Marzo encabezada por Saad Hariri”, candidato respaldado por Estados Unidos e hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri.
Debemos dar crédito a quien se lo merece por este triunfo de elecciones libres (y de Washington): “Si George Bush no se hubiera enfrentado a los sirios en 2005 –forzándolos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri– estas elecciones libres no hubieran sucedido”, escribió Friedman. “Bush creó el espacio (durante su discurso en El Cairo), Obama ayudó a avivar la esperanza”, precisó.
Dos días después, los puntos de vista de Friedman tuvieron eco en una columna de opinión del Times escrita por Elliot Abrams, reconocido integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos que anteriormente fue funcionario de alto rango en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush hijo: “La votación en el Líbano pasó cualquier prueba realista (...). Los libaneses tuvieron la oportunidad de votar contra Hizbollah y la aprovecharon”.
Cualquier “prueba realista”, no obstante, podría incluir la votación real. La coalición 8 de Marzo, basada en Hizbollah, ganó aproximadamente con la misma proporción que Obama contra McCain en noviembre, con cerca del 54 por ciento del voto popular, según cifras del Ministerio del Interior libanés.
Por consiguiente, según el argumento Friedman-Abrams, deberíamos estar lamentando la victoria de Ahmadinejad sobre Obama.
Al igual que otros, Friedman y Abrams se están refiriendo a los representantes del Parlamento. Estas cifras son tergiversadas por el sistema de votación confesional de Líbano, que reduce drásticamente el número de asientos otorgados a la más grande de las sectas, los chiítas, que respaldan abrumadoramente a Hizbollah y a su aliado Amal.
Sin embargo, como lo han señalado algunos analistas de los más serios, las reglas fundamentales “confesionales” de Líbano afectan negativamente “las elecciones libres y justas” en formas aún más importantes. El analista político Assaf Kfoury observa que las reglas fundamentales no dejan espacio para los partidos no sectarios y erigen una barrera que evita la introducción de políticas socioeconómicas y otros temas reales en el sistema electoral.
Para Kfoury, esas reglas abren la puerta a “interferencia externa masiva”, menor participación de votantes y “manipulación y compra de votos”, todo ello peculiaridades de las elecciones de junio, aún más que antes.
Por tanto, en Beirut, la capital que alberga a casi la mitad de la población del Líbano, menos de una cuarta parte de los votantes elegibles pudo votar sin regresar a sus normalmente remotos distritos de origen. El efecto es que los trabajadores migrantes y las clases más pobres efectivamente son privados de sus derechos civiles en “una forma extremadamente injusta, al estilo libanés”, favoreciendo las clases privilegiadas y pro occidentales.
Irán. Al igual que el Líbano, el propio sistema electoral de Irán viola derechos básicos. Los candidatos deben ser aprobados por clérigos gobernantes, facultados para prohibir políticas con las que discrepan, y de hecho lo hacen.
Los resultados electorales del Ministerio del Interior de Irán carecieron de credibilidad tanto por la forma en que fueron publicados como por el mismo resultado, disparando una enorme protesta popular brutalmente reprimida por las fuerzas Aarmadas de los clérigos gobernantes. Tal vez Ahmadinejad pudo haber ganado la mayoría si los votos hubieran sido contabilizados justamente, pero los gobernantes aparentemente no estaban dispuestos a arriesgarse.
Desde las calles de Teherán, la corresponsal Reese Erlich escribió: “Es un genuino movimiento de masas iraní integrado por estudiantes, trabajadores, mujeres y gente de clase media” y, posiblemente, la mayoría de la población rural.
Eric Hooglund, catedrático y experto en Irán rural, describe un respaldo “abrumador” para el candidato opositor Mir Husein Musavi entre la gente de las regiones que ha estudiado, y un “ultraje moral palpable por lo que llegó a creerse como el robo de su elección”.
Es altamente improbable que las protestas dañen al régimen clerical-militar a corto plazo pero, como observa Erlich, “está sembrando las semillas para luchas futuras”.
Israel-Palestina. No deberíamos olvidar unas elecciones auténticamente “libres y justas” realizadas recientemente en Oriente Medio –en Palestina, en enero de 2006, ante las que Estados Unidos y sus aliados respondieron castigando a la población que votó “equivocadamente”–.
Israel impuso sitio a Gaza y, el invierno pasado, atacó sin misericordia.
Apoyándose en la impunidad que recibe como cliente de Estados Unidos, Israel ha reforzado una vez más su bloqueo secuestrando a Espíritu de Humanidad, embarcación del movimiento Gaza Libre, en aguas internacionales, y forzándolo a atracar en el puerto israelí de Ashdod.
La embarcación había salido de Chipre, donde se inspeccionó el cargamento: medicinas, materiales de reconstrucción y juguetes. Entre los defensores de derechos humanos a bordo se encontraba la ganadora del Premio Nobel Mairead Maguire y la ex congresista norteamericana Cynthia McKinney.
El crimen a duras penas evocó un bostezo –con cierta justicia, se podría argumentar, dado que durante décadas Israel ha estado secuestrando botes que viajan entre Chipre y Líbano–.
Entonces, ¿para qué molestarse en reportar este último ultraje de un Estado bribón y su jefe?
Honduras. Centroamérica también escenifica un crimen relacionado con elecciones. Un golpe militar en Honduras ha depuesto al presidente Manuel Zelaya y lo ha expulsado del país.
El golpe repite lo que el analista en asuntos latinoamericanos Mark Weisbrot llama “una historia recurrente en Latinoamérica”, enfrentando a “un presidente reformista respaldado por sindicatos laborales y organizaciones sociales con una elite política corrupta, mafiosa, gobernada por las drogas, acostumbrada a escoger no sólo la Suprema Corte y el Congreso sino también al presidente.
La corriente principal de opinión pública describe al golpe como un desafortunado regreso a los malos días de hace décadas. Pero eso es equívoco. Se trata del tercer golpe de Estado en la última década, todos ellos conformando la “historia recurrente”.
El primero, en Venezuela en 2002, fue respaldado por la administración de Bush que, empero, se retractó luego de agudas críticas latinoamericanas y de la restauración del gobierno elegido a través de manifestaciones populares.
El segundo, en Haití en 2004, se concretó a manos de los torturadores tradicionales del país, Francia y Estados Unidos. El presidente electo, Jean Bertrand Aristide, fue llevado en secreto a África Central.
Lo novedoso del golpe en Honduras es que Washington no lo ha respaldado. En cambio, Estados Unidos se unió a la OEA y se opuso a la toma de poder, aunque vociferó una condena más suave que otros, y no ha actuado al respecto. Contrariamente a lo que han hecho países vecinos, Francia, España e Italia, Estados Unidos no ha retirado su embajador.
Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la asistencia estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos.
Las relaciones militares han sido estrechas desde la década de los ’80, cuando Honduras fue base de la guerra terrorista del presidente Reagan contra Nicaragua. Que la “historia recurrente” se repita una vez más depende en gran medida de las reacciones dentro de Estados Unidos.
Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)